250 atrapasueños con el logotipo Johnnie Walker
En 2025, estando en mi séptimo mes de embarazo, recibí uno de los encargos más grandes de mi vida: 254 atrapasueños con el logotipo de Johnnie Walker, que debían estar listos en una semana para decorar una de las calles más históricas y hermosas de Cartagena.

Cuando recibí el pedido, entendí inmediatamente que no era un proyecto cualquiera. El volumen era enorme, el tiempo prácticamente inexistente y cualquier error podía poner en riesgo todo el trabajo. Aun así, decidí decir que sí.
Quizás fue un poco de locura. O quizás fue esa confianza que a veces aparece justo cuando no tienes tiempo para dudar.
Lo que siguió fue una verdadera maratón. Había que conseguir materiales, organizar la producción, distribuir tareas, controlar gastos, calcular precios y, al mismo tiempo, asegurarnos de que cada atrapasueños cumpliera con los estándares que habíamos prometido.
Y había un detalle importante: era Semana Santa. Con tan pocos días por delante, cada hora contaba.
Pero no estaba sola. Una gran comunidad de amigos se unió al proyecto sin dudarlo. Cada persona aportó su tiempo, sus manos, sus conocimientos y, sobre todo, sus ganas de que pudiéramos cumplir. Gracias a ellos conseguimos terminar cada pieza a tiempo.
Fue una experiencia que me enseñó muchísimo sobre emprendimiento.
Aprendí a mirar de otra manera la gestión de un proyecto: a entender la importancia de calcular correctamente los gastos y los precios, de dividir el trabajo de forma eficiente cuando el tiempo es limitado y de anticipar los posibles riesgos antes de presentar una cotización o firmar un contrato.
Porque cuando un proyecto crece, también crece la responsabilidad.
Pero descubrí algo más importante: un proyecto grande no tiene por qué ser solamente un logro individual. También puede convertirse en una oportunidad para otras personas. Puede generar trabajo para quienes lo necesitan, permitir que talentos diferentes se encuentren y crear conexiones que después se convierten en nuevas oportunidades y amistades.
Eso es algo que me llevo de esta experiencia y que valoro muchísimo.
Recuerdo especialmente el momento en que vi las fotos de todos los atrapasueños instalados en aquella calle de Cartagena. Después de tantos días de trabajo, de las dudas, del cansancio y del miedo de no conseguirlo a tiempo, verlos finalmente allí, moviéndose con la brisa caribeña, fue algo difícil de explicar.
Mis piezas, hechas a mano, habían llegado a uno de los lugares más emblemáticos del corazón histórico de Cartagena.
Hoy me siento muy orgullosa de mí misma. No solamente por haber terminado 254 piezas en una semana, sino por todo lo que tuve que aprender y superar para llegar hasta allí.
A veces, los proyectos que más miedo nos dan son precisamente los que más nos hacen crecer.
Y esta historia representa mucho de lo que ha sido mi propio camino como emprendedora. Un emprendimiento que nació en Rusia, se desarrolló en Turquía y floreció en Colombia. Tres países, diferentes etapas de mi vida y una misma pasión que continúa creciendo.
Que sigan llegando nuevos retos, nuevos proyectos y nuevas personas con las que podamos crear cosas bonitas.
Y si eres una empresa o una agencia y tienes un proyecto que parece demasiado grande, demasiado urgente o simplemente un poco loco, escríbenos. En VALAMUR nos encantan los retos y sabemos que, con un buen equipo, organización y muchas ganas, casi siempre encontramos la manera de hacerlo realidad. Estamos abiertos a nuevos proyectos. Cuéntanos qué tienes en mente y hagámoslo juntos. Esperamos sus pedidos!










